La manipulación Independentista, cap. 3

(La Manipulación Independentista)

CAPITULO 3

Tal y como habíamos acordado Quím y yo, además de los apuntes relacionados con su propia vida, recibí el primer bosquejo concerniente a sus impresiones históricas, que prefería presentara según sus proporcionadas figuraciones. Por tanto paso a reflejar inspirado en su propio puño y letra, sus valoraciones y sensaciones tal y como él me las envía:

Apreciado Rosendo: no sé si estaré del todo acertado, ni siquiera si alguna vez me podré equivocar en algún dato, pero bastante sí se acerca a la realidad de lo que voy aprendiendo y por eso, no me preocupa que me lo transcriba tal y como yo lo veo. Eso sí, las opiniones o mi manera de explicarme no están escritas en ningún lado, por eso me gustaría que las expusiera tal y como yo se las envío. A fin de cuentas esto es cosa nuestra, y sí queda mejor o peor no deja de ser más que nuestro problema. En fin, que no me enrollo más. Ahí le envío mis primeros conocimientos.

Voy a empezar describiendo aquella época de la segunda mitad del milenio antes de Cristo, en la que la sociedad está pasando del bronce al hierro, y donde ya se empieza a percibir un sentido claro de vivir en colectividad.

Por aquí, en lo que actualmente definimos como Cataluña, existían una serie de tribus, porque voy a utilizar este epíteto, en el sentido de intentar hacerlo bajo un desarrollo trivial cuando explique a qué tipo de grupos me refiero.

Cabe decir que nosotros éramos definidos como los íberos, nombre que nos daban los de fuera a los habitantes de la zona occidental del Mediterráneo, y que por lo visto provenía del antiguo nombre del río Ebro que entonces, se ve que se llamaba Iber.

En aquellos tiempos habían unos pueblos que venían de Asía, de la zona de la actual Israel o Siria, que se llamaban los fenicios y que ya se lanzaban a la mar. También estaban los griegos que llevaban años haciendo lo mismo, y que además tenían organizado un sistema de vida que era muy aventajado, en el sentido de que ya tenían ciudades y cultivaban el arte y la cultura en general.
Los griegos ya llevaban tiempo en la Península por el Sur. Y estaban de buen rollo con sus habitantes. Se ve que había un tal Argentonio, que era el que mandaba, y que mantenía buenas relaciones con los griegos, además este tipo vivió un montón de años. Lo de Argentonio parece ser que venía por las minas de plata que había por allí, es decir, que estamos hablando de zonas de pasta.
Los fenicios abordaron la costa litoral mediterránea muy por debajo de Cataluña y de hecho, se establecieron por Cádiz.
Cuando los fenicios y los griegos se encuentran, ya empieza la fiesta. Se lían a palos, y los fenicios consiguen echar a los griegos del sur de la Península y hacerse dueños de la situación, que en aquel entonces era puramente comercial y de un interés especial por las minas de todo tipo, que había principalmente por el sur y sureste de la Península.
Los griegos hacía tiempo que también tenían abierto un puerto franco en Ampurias, Girona, que esto ya nos afecta más a nosotros. El caso es que muchos griegos se fueron estableciendo en Ampurias cuando los fenicios los echaban del sur. Entonces, ahí movieron una importante red comercial.
El nombre de Ampurias significaba Mercado en griego, aunque en realidad era un auténtico puerto operativo. Allí, siguiendo la tónica griega, se vivía con tranquilidad. Se comercializaba con otras tribus, y de hecho con todo el que se podía. Incluso a través de la Galia en la actual Francia, se negociaba importando minerales de Gran Bretaña. No dejaba de ser un ligero paraíso fiscal de entonces.

En cuanto a los fenicios surge un grupo denominado Cartaginés, que establece su punto clave en la parte más occidental del norte de África, con su plaza fuerte a la que llaman Cartago. Desde allí controlan bien el Mediterráneo estableciendo puntos de control en Sicilia, para prevenir cualquier ataque griego. Estos cartagineses convierten en ciudad, las viejas factorías fenicias de Cádiz y toman también como punto de vigilancia la isla de Ibiza
Todo controlado. Los griegos siguen entretenidos con sus guerras macedónicas contra los antiguos fenicios, por tanto están bien ocupados. Un nuevo género aparece en escena. Son los romanos. Estos surgen de una pequeña ciudad de Italia dominada entonces por los Etruscos, y se están organizando bastante bien siendo una potencial amenaza para los intereses cartagineses. Es el último elemento en discordia con el que no se contaba.
Los romanos han ido creciendo y haciéndose fuertes, además con una estrategia bien pertrechada. No solo han aprendido tras sus violentos enfrentamientos por tierra y por mar a prepararse tácticamente, sino que además imitan e incluso perfeccionan todo cuanto encuentran interesante. Han erigido una gran ciudad inspirada en la cultura griega, y se empiezan a organizar militarmente para poder combatir y competir contra los potenciales bélicos de sus enemigos, que tantos disgustos les han causado. Y no se andan con chiquitas, su capacidad de renovación y desafío se está convirtiendo en una preocupante provocación.
Si bien es cierto que tanto cartagineses como romanos, intentan mantener una buena relación para preservarse del cierto pánico que les convence de la dificultad de enfrentarse, la Primera Guerra Púnica acabará definitivamente con su hipotético apego.
Como suele ocurrir siempre en estos casos, un tercero en discordia provoca el enfrentamiento entre cartagineses y romanos, en una guerra que durará veintitrés años y que acabará con la pérdida de la isla de Sicilia que pasará a poder de los romanos. Esta guerra representará un desgaste tremendo para las dos potencias navales del Mediterráneo, de cuyas pérdidas ya no conseguirá recuperarse jamás Cartago, algo que estimulará a los romanos para perseguir y conseguir sus ideales. Convierten Sicilia en la primera provincia romana en manos de un pretor. Empieza su apología colonialista.

Esto es a grosso modo, pero ¿qué ocurre por Cataluña en todo este tiempo?.
Aquí, explicaba, están los íberos, y dentro de este anagrama hay varios grupos o tribus como decía anteriormente. Estas tribus se definen como:

Los pondré por orden alfabético: Airenosinos, Andosinos, Ausetanos, Bergistanos, Castelanos, Ceretanos, Cossetanos, Ilercavones, Ilergetes, Indigetes, Lacetanos y Layetanos. Es posible que me deje alguno, pero estos son los que yo he sonsacado. Ah, y los Sordones en la Catalunya Nord.

De los AIRENOSINOS no se sabe mucha cosa. Se les sitúa por la zona del Valle de Arán y el Pallars en la cordillera pirenaica. El río más importante era el Garona. Mantenían alguna relación con los andosinos, con los Ilergetes de Lleida y con los Iacetanos, estos ya de Aragón, que tenían su capital en Jaca. Es importante en este caso no confundir a los Iacetanos, que eran maños, con los Lacetanos que después hablaré, y que eran catalanes. Es verdad que estas dos terminologías de maños o catalanes entonces no existían, pero es para entendernos ahora.

Los ANDOSINOS, de los que también se sabe bien poco. Se considera que habitaban por los valles de Andorra, y que eran vecinos de los Airenosinos. Los he citado simplemente porque aparecen en las citas históricas, pero poco he averiguado de ellos.

Los AUSETANOS, estos ocupaban la actual comarca de Osona. Tenían su capital en Vic que entonces se llamaba Ausa, que significaba aurora, alba o amanecer. Es curioso, pero actualmente a los vecinos de Vic se les continúa llamando ausetanos. Mantenían buenas relaciones con los Indigetes que estaban por Ampurias. Posiblemente mantuvieran buenas relaciones comerciales.

Los BERGISTANOS, habitaban en las montañas. Su capital era Berga y estaban bastante ligados a los Ilergetes de Lleida. Eran una tribu bastante reducida y convivían en unas condiciones duras y rudas para la época. Ocupaban la zona del Alto Llobregat.

Los CASTELANOS, tampoco se sabe mucho de ellos. Estaban situados en la falda de los Pirineos, más o menos en la actual comarca de la Garrotxa, y posiblemente tocaban algo hacia el Ripollés. Como ciudades importantes se los relaciona con Besalú o Sant Joan de las Abadessas y hasta es posible que también perteneciera Olot, pero sin poder precisarlo. Mantenían lógicamente relación con los Ausetanos y con los Ilergetes.

Los CERETANOS, también situados en los Pirineos. Es la zona de la Cerdanya. Su capital era Llivia, que es curiosamente ese municipio español que actualmente se encuentra en territorio francés, bajo jurisdicción española. Estaban relacionados con los Ausetanos de Vic y con los Ilergetes de Lleida.

Los COSSETANOS, abarcaban una vasta zona. Desde el Garraf, por poner un punto de origen, pasando por el Penedés, el Alt y Baix Camp, la Conca de Barberá, el litoral de Cunit, Calafell, hasta Vendrell, toda la actual Tarragona, llegando a Cambrils, Hospitalet de l’Infant, el Priorato y hasta Montblanc, rebasando incluso Tornabous en la provincia de Lleida, olvidando indudablemente algunas zonas que ahora no recuerdo. Su capital era Cesse, que se cree que es la actual Tarragona, aunque se especula también con que pudiera tratarse de Vilanova i la Geltrú, Sitges o tal vez incluso Hospitalet de l’Infant u otras posibles localidades como pueden ser Calafell o Cunit.

Los ILERCAVONES, se encontraban principalmente en la depresión del río Ebro, por la zona de Tortosa colindando con la provincia de Castellón. Eran por llamarlo de alguna manera, la prolongación del amplio territorio de los Cessetanos a partir del Priorato por la zona de Gandesa, proyectándose hacia el sur. Quedaban pues limitados al norte por los Cessetanos y al noroeste por los Ilergetes de Lleida.

Los ILERGETES, también ocupaban un vasto territorio. En este caso por el interior, alejados de la costa mediterránea. Se extendían desde el sur en la zona de los Ildercavones, los de la parte de Tortosa, hasta el norte, ocupando toda la franja actual de Huesca y Lérida, así como parte de la Tarraconense, Castellón y Zaragoza. No era zona costera, pero supo sacar buenos frutos de su ganadería y agricultura. Eran artesanos, negociantes y guerreros. Tres condiciones que la convirtieron en una de las tribus más ricas y potentes de aquellos tiempos. Eran dirigidos por un estado oligárquico controlado por un rey, y acuñaban moneda. Toda su franja occidental estaba ocupada por los Celtiberos, con los que tenían frecuentes enfrentamientos por posesión de nuevos territorios, pero sobre todo incordiaban a los Edetanos, que eran la tribu que había de Castellón hacia abajo de la Península, colindando con los Ilercavones de Tortosa.
Sus principales ciudades eran Ilerda, la actual Lérida y otra que se llamaba Atanagrum, pero de la que curiosamente no se termina de saber dónde estaba.
Estaban muy relacionados con los cartagineses, principalmente desde un punto de vista comercial.

Los INDIGETES, ocupaban la franja costera noreste, en lo que hoy definimos como toda la Costa Brava, y se extendían por el interior hacía Girona y la comarca actual de la Selva, siempre en contacto directo con los ausetanos, con los que les unía una buena relación posiblemente inspirada en el rico comercio que se deslumbraba en Ampurias, su principal ciudad. En Ampurias, se había instalado una colonia griega procedente de Marsella y de Turquía, y con ella un importante emporio comercial, que obviamente desarrollaban los griegos, pero del que también participaban los indigetes, aunque eso sí, vivían en ciudades separadas. Era en general una comarca próspera y rica, porque se abría comercio con el resto de la Península y también con los puntos de referencia griegos a lo largo de Asia, África y Europa, donde también mantenían esta filosofía de crear emporios comerciales. Se acuñaba moneda.
Como ciudades importantes además de la misma Ampurias, estaba Roses y la Junquera, y disfrutaban de los regadíos que les proporcionaban los ríos Muga, Fluviá y Ter.

Los LACETANOS, ocupaban lo que podíamos definir como la Cataluña central. La comarca del Bages donde está Manresa, y se extendían hacía las comarcas de la Anoia, donde está Igualada, el Solsonés, con Solsona y parte de la Segarra lindando con Cervera. Estaban pues rodeados por todas las tribus íberas de Catalunya. Los bergistanos de Berga al Norte, los Ausetanos de Vic al este, los Ilergetes de Lérida al Oeste y los Cossetanos y Layetanos de Barcelona y Tarragona al sur.

Los LAYETANOS se encontraban en la franja costera de la provincia de Barcelona, entre el Garraf de los Cessetanos, y el litoral del Maresme colindando con los Indigetes de Ampurias. Por el interior se extendían por el Vallés acercándose a la Manresa de los Lacetanos. Estaba regada por los ríos Llobregat, Besós y Tordera. Sus principales ciudades eran Mataró, Blanes, Badalona, Tarrasa y Barcelona, llamada entonces Barcino o Barkino. El nombre de Layetanos parece ser que proviene de una pequeña población situada en la falda de la montaña de Montjuic, que se llamaba Laie. Son zonas pesqueras que se dedican también a la agricultura y la ganadería.

En general todas estas tribus vivían en pequeñas ciudades con casas construidas de piedra, barro y cal, con tejados de leña mezclada con arcilla. Son urbes totalmente amuralladas como protección. Principalmente en las tribus del interior, aparecen alrededor de estos poblados un sinfín de pequeñas casitas solitarias que guarecen los campos de cultivo. No obstante se busca siempre pertenecer o estar protegidos por la curia de las ciudades.
Además de trabajar la tierra, dedicarse al pastoreo o a la pesca en las franjas costeras, se sabe también que poseían algún tipo de molino para molienda, disponían de silos para guardar el grano, se dedicaban a la orfebrería y dominaban ya bastante la producción textil. En las zonas más prósperas desde el punto de vista comercial, acuñaban moneda, y en los enclaves más rudos y más pobres, se convertían en auténticos guerreros con una preparación táctica nada lejos de lo agresivo. Muchos habitantes de estos poblados íberos de las comarcas más castigadas, se enrolaban también como mercenarios de los ejércitos cartagineses.

Y volviendo a los cartagineses decir que eran la potencia más fuerte que dominaba el Mediterráneo, y que tenían su mayor influencia en la zona litoral centro sur de la península Ibérica, así como su plana mayor en Cádiz. Y desde allí el dominio del litoral Atlántico, así como en bastantes zonas del interior peninsular. Sus relaciones con los catalanes eran principalmente comerciales y de contratación de mercenarios, en especial con los de Lleida, los ilergetes. Su intervención en el Mediterráneo la controlaban desde Sicilia e Ibiza, y no tenían necesidad de acercarse más arriba de la desembocadura del río Ebro. Por eso su actuación en Cataluña se limita simplemente a alguna que otra relación principalmente comercial.

Pero las cosas sorprendentemente van a cambiar. Tras la Primera Guerra Púnica en la que los romanos le arrebatan Sicilia a los cartagineses, y además les someten a un pago de terribles aranceles, les dejan en una situación conflictiva en la que no tienen siquiera medios para poder reponer su flota guerrera. Esta impotencia unida a la ignominia que les está produciendo la preponderancia romana, les lleva a volver a organizarse pero esta vez con un odio en sus venas, para volver a plantarle cara al autor de su desgracia, es decir a los romanos.
El jefe de los cartagineses es un tal Amilcar Barca, que no solo tuvo que soportar las humillaciones de Primera Guerra Púnica, sino que además en la propia Cartago, tuvo que sofocar una revuelta de sus propios mercenarios que también causó auténticos estragos en la propia Cartago. Cabreado por todos lados decide recuperarse económicamente a toda costa, y para ello lo primero que se le ocurre es ir tomando cuantos más territorios mejor dentro de la Península Ibérica, rica en yacimientos, en agricultura y de hecho, en todo. Y así lo hace. En unos lugares encuentra alianzas y en otros se tiene que enfrentar, pero la suerte ya está echada, y se lanza a la conquista.
En una de estas escaramuzas, resulta muerto. Concretamente en su lucha contra los Oretanos, que era una tribu que habitaba entre Córdoba, Ciudad Real, Albacete y Jaén, más o menos por allí. Esto ocurría para irnos situando, en el 228 antes de Cristo.
No obstante, su aventura le produce grandes riquezas a los cartagineses con las que consiguen reorganizar sus tropas, aunque no lo suficiente para consolidar la flota naval.
Esta nueva reorganización cartaginesa les devuelve su orgullo de fortaleza y gloria, y les permite ir consolidando sus recuerdos de grandeza.
Como los hijos de Amilcar Barca son todavía muy jóvenes, le sucede en el mando tras su muerte su yerno Asdrúbal, que adopta una postura más negociadora con todos los pueblos conquistados en la Península Ibérica. Le interesa seguir aumentando las riquezas y sobre todo, engordando sus tropas con los rehenes y voluntarios que va consiguiendo por todas partes. Es cierto que hay continuas rebeliones de tribus nativas, pero son rápidamente sofocadas.
Son de destacar en su época dos acontecimientos importantes: por un lado la constitución de una ciudad nueva a la que denomina Cartago Nova, que es la actual Cartagena, que la convierte en la capital de los nuevos territorios peninsulares conquistados. Y por otro lado, que los romanos vuelven a intervenir. Lo hacen presionando nuevamente a los cartagineses diciéndoles simplemente, que en su avance de conquista por toda la Península Ibérica no se les ocurra pasar por encima del río Ebro, ya que desde ahí es territorio en potencia, reservado para las posibles conquistas de Roma. Asdrúbal se ve obligado a firmar el Tratado del Ebro que establece y les fuerza a adoptar esta resolución que no deja de ser otra tocada de pelotas, pero que dentro de lo malo, los romanos están respetando sus zonas de mayor influencia que son precisamente desde el Ebro hacia abajo. Además y a pesar de todo, en la zona norte están manteniendo una buena relación con los Ilergetes de Lleida sin necesidad de conquistar sus territorios.

De una forma o de otra Asdrúbal muere asesinado en el 221 antes de Cristo, liquidado por lo visto por un nativo de la Península que no le perdona que haya matado a su señor. Entonces le sucede su cuñado Aníbal.

Aníbal es el hijo mayor de Amilcar Barca. Es un joven que desde niño ha vivido la continua pugna que tienen los cartagineses con los romanos. Lógicamente todo ese sometimiento de su pueblo, le sumen en un odio y unos deseos de acabar con tanta dominación prepotente. Lo primero que hace es fortalecer la ciudad de Cartago Nova a la que convierte en todo un arsenal militar bien pertrechado, para realizar nuevas contiendas guerreras. Picado con los romanos y buscando la manera de ponerlos en su sitio, encuentra la excusa perfecta para provocarlos y recordarles que los cartagineses están ahí.
Las cosas ocurren de la siguiente manera: cercana a Cartago existe una ciudad llamada Sagunto, que era una especie de emporio al estilo de Ampurias en Cataluña controlado también por los griegos, y donde el comercio y el dinero corría a raudales. Tanto Sagunto como Ampurias, temerosas del avance conquistador cartaginés por la Península, piden ayuda a Roma y se alían con ella para protegerse de los cartagineses. Roma acepta esta relación y les asegura su apoyo. Pero resulta que Sagunto está por debajo del río Ebro y esto hace que los romanos sean los primeros que no están cumpliendo el pacto que se ha tenido que firmar. Para más inri, dentro de Sagunto se empiezan a cargar a todo aquel que huela a cartaginés, circunstancia que aprovecha Aníbal para declarar la guerra a Sagunto y así provocar a los romanos y hacerles responsables de no respetar el Tratado del Ebro.
La guerra contra Sagunto dura casi un año y los saguntinos se defienden con una valentía inesperada. Lo gracioso es que la ayuda de Roma no llega en ningún momento, y al final la ciudad es tomada por los cartagineses que se la encuentran con todo demolido, es decir, consiguiendo un botín muy escaso, algo que Aníbal esperaba que fuera muy boyante, pero que los saguntinos han ido destruyendo. Se cuenta incluso que los saguntinos tras perder esa guerra, se tiraban al fuego para no caer prisioneros de los cartagineses.
El asunto tiene eco en Roma y los romanos le declaran la guerra a los cartagineses. Se producirá entonces lo que se definirá como la Segunda Guerra Púnica.
Pero esta vez la guerra va a ser diferente. Los cartagineses tienen bien fortalecida militarmente Cartago Nova, sin embargo no han podido reconstruir su flota naval. Con su presencia en la Península y su victoria contra Sagunto, reclutan un impresionante ejército de voluntarios y mercenarios procedentes de todos los pueblos peninsulares, incluidos los de la región catalana, donde principalmente los Ilergetes de Lleida se alían con ellos. Aníbal decide hacer la guerra contra los romanos pero esta vez en su propio territorio, es decir en Italia. Quiere forzar a los romanos a su rendición.
Estamos por los años 218 antes de Cristo. Aníbal está cabreado. Conquistar Sagunto le ha costado más de ocho meses y un montón de bajas en sus ejércitos, además de que del botín que esperaba conseguir en esa ciudad, no encontró más que escombros. Pese a todo empieza a reclutar más gentes para fortalecer su ejército y se lanza a la conquista de Roma por tierra, ya que carece de fuerzas navales y además, sería enfrentarse a un ejército muy fuerte por mar. En una estrategia realmente idílica, se dirige hacia Roma cruzando primero los Pirineos y después los Alpes con una impresionante tropa de guerreros, caballería y además unos elefantes que ha traído de África. Con todo esto se va para Italia. Esto es una travesía que lleva mucho tiempo, muchas dificultades y un gran riesgo, pero aun así lo hace. Atraviesa Cataluña por el interior evitando las zonas costeras. A través de sus aliados los Ilergetes, enfrentándose y venciendo a las tribus que se oponían a su marcha, y por el territorio de los Cessetanos cruza los Pirineos llegando a la línea francesa de las Galias. Evidentemente va perdiendo hombres en esta peligrosa travesía, pero aun así por allí donde pasa se le van alistando nuevos contingentes. En Francia, donde ya los romanos andan conquistando territorios, muchos galos se unen a sus tropas y cuando cruza los Alpes ya en zona italiana, infinidad de nativos italianos sometidos a los romanos, también se le unen. De una forma o de otra consigue grandes ejércitos en los que se hablan un montón de lenguas diferentes, pero Aníbal logra mantener la autoridad militar y el odio hacia los romanos.
Va derrotando a todo ejército romano que se encuentra a su paso. No deja de ser un general con intuición guerrera. El manejo de la caballería, la sorpresa de los elefantes y la eficacia de su infantería, logra derrotar a las preparadas estructuras militares romanas. Consigue llegar a las puertas de Roma. Mantiene sus contactos con Cartago Nova, que le va pertrechando. Allí se encuentran sus hermanos protegiendo la Península de cualquier ataque principalmente por mar. Por tierra no hay romanos en la Península.
Pero los romanos sí que van a llegar por tierra. Hartos de aguantar la presión cartaginesa en su propio territorio, deciden preparar un ataque hacia Cartago Nova, base de suministros para las tropas cartaginesas de Aníbal en Italia. Envían una poderosa flota hacia la Península que entra por Ampurias, zona aliada. Ampurias es entonces una ciudad dividida en dos partes: una zona costera dominada por los griegos y guarnecida de una sencilla muralla, y otra zona interior en la que viven los Indiketes, que son los nativos de la zona, los catalanes de entonces. No tienen ningún problema los romanos al entrar ya que los griegos no se lo impiden. Los Ilerketes se ponen algo farrucos, pero son rápidamente derrotados.
Los romanos se disponen a tomar Cartago Nova pero eso no va a ser tan fácil. Los Ilergetes de Lérida son aliados de los cartagineses y enseguida les plantan batalla, uniéndose a ellos grupos de Ausetanos y prácticamente todas las tribus íberas que hay por Cataluña. También los celtiberos van a estar contra los romanos. De una forma o de otra generalmente enfrentándose a todos, los romanos inician su camino hacia la conquista de Cartago. Esto no va a ser para nada sencillo y les llevará unos años conseguir su propósito. En estos años y tras una guerra que ganan a los cartagineses, establecen su base de operaciones en Tarraco, Tarragona. Hasta el año 209 antes de Cristo no logran tomar definitivamente Cartago Nova, Cartagena, algo que indudablemente va a afectar a los dominios de Aníbal por Roma en su intento por conquistar la ciudad.
Todo este jaleo llega un momento que obliga a Aníbal a abandonar su proyecto de conquistar Roma y volver a la Península, e incluso a la propia Cartago, donde los romanos también están presionando.
Los romanos con la tontería ya se están estableciendo en la Península y si bien es cierto que es muy posible que en un principio no vinieran con idea de conquista, ya que la idea inicial respondía a una táctica militar por llamarlo de alguna forma, el propio desarrollo de los acontecimientos iba a cambiar totalmente su concepto imperialista.
Los continuos enfrentamientos con tropas nativas de la zona, unido al mantenimiento de sus tropas en tierra extraña, les conlleva a una necesidad de autoabastecimiento para mantener toda esa infraestructura. Es por eso que a medida que van combatiendo y dominando a diferentes tribus, se van beneficiando de importantes botines y sobre todo de esclavos, que les permiten mantener con cierta holgura a sus tropas.
Pongamos por caso que cuando toman la ciudad de Cartago Nova, empiezan a explotar en su propio beneficio las ricas minas de plata, plomo y cinc, utilizando para ello a miles de esclavos a los que ponían a trabajar, y que eran lógicamente trofeo de guerras y de conquistas.
De una forma o de otra los romanos se van haciendo dueños de toda la Península en toda su zona costera, desde los Pirineos hasta Gibraltar. Dividen entonces esta zona en lo que definen como la Hispania Citerior, con sede en Tarraco, y la Hispania Ulterior con sede en Córdoba. Pero ya puestos y viendo las impresionantes riquezas que le producen las tierras hispanas, se lanzan a la conquista de toda la Península, que de hecho ya mantenía también relaciones con los ya cada vez más diezmados cartagineses.
Doscientos años les costó a los romanos hacerse con toda la Península Ibérica, en un continuo enfrentamiento con toda clase de tropas indígenas que en ningún momento estuvieron dispuestas a dejarse dominar por los romanos, entre otras cosas por la arrogancia que comportaba el comportamiento prepotente y despótico de los nuevos conquistadores. El robo sistemático de todo cuanto tuviera valor, el convertir a los prisioneros en esclavos y la explotación abusiva de todos los recursos, creaban un recelo permanente que se convertía en un odio feroz contra el nuevo imperialista.
Los romanos gozaban de un egocentrismo patrio, que les forzaba de alguna manera a tratar con total indiferencia al resto de colectivos fueran de la índole que fueran. Es por eso que en sus conquistas por Europa y Asia, consideraban siempre a los vencidos como seres subalternos o de una categoría inferior.
En el caso de Cataluña, y posiblemente auspiciados por el famoso tratado del Ebro, la conquista fue más determinante y de hecho efectiva. Es verdad que se encontraron con infinidad de tribus que les plantaron cara y se lo pusieron algo complicado, pero contaron de buen principio con el apoyo de las tribus costeras menos guerreras y más amigas de buscar alianzas con fines comerciales. Pero aun así, tras establecer su base militar en Tarraco tuvieron diversos enfrentamientos principalmente con los ilerdenses de Lérida, y los bergistanos de Berga. De hecho fueron las primeras tribus hispanas en caer en poderío romano.
Aun así, y mientras Roma se iba haciendo dueña de todos los territorios hispanos, los propios romanos tuvieron su primera pugna por mantener el poder de tan ricos dominios. Un tal Pompeyo se enfrenta a Roma con la idea clara de hacerse dueño de todos estos nuevos territorios. Esta vez va a ser protagonista Lleida, donde en el año 49 antes de Cristo, precisamente en la batalla de Ilerda, las tropas de Julio César derrotan a las de Pompeyo en plena guerra civil entre los romanos, y pone definitivamente todo el territorio hispano en poder del imperio romano. Posteriormente Augusto que se establece largas temporadas en Tarraco, deja de considerar esta ciudad base militar, y la convierte en una auténtica provincia romana con jurisdicción, administración y control de toda la Hispania Citerior, que comprende un vasto territorio que abarca toda la zona centro y norte de Hispania de Este a Oeste y donde va incluyendo los últimos dominios romanos que se están produciendo en el norte Peninsular, concretamente por toda la costa Cantábrica.
Augusto divide Hispania en tres provincias, la Citerior con capital en Tarraco, la Bética con capital en Córdoba y la Lusitana con capital en Mérida, siendo Tarraco la que participa directamente con el gobierno de Roma. Tarraco pasa a ser por explicarlo de alguna manera, la base principal de operaciones de toda la política y filosofía romana en Hispania.
Este inicio de conquista de la península Ibérica hace que Cataluña como primera zona conquistada se amplie de bases militares por todas partes, que posteriormente darán lugar a muchas ciudades de fisonomía totalmente romana que disfrutarán además, de todas las ventajas que ofrecían estas urbes.
No obstante y a partir del gobierno de Augusto, las cosas van a cambiar por lo menos para Hispania, y en especial para Cataluña. A unos veinte y pico años antes de Cristo, este emperador romano decide convertir a Hispania en auténtica zona romana como una expansión de su ya, vasto imperio. Hace de Tarraco una auténtica provincia romana atendida con los mismos atributos y poderío que pueda corresponder incluso a la misma Roma. Incluye en su demarcación los territorios que ya tenía correspondientes a la Hispania Citerior, añadiendo todos los territorios que se han conquistado finalmente y que comprenden las zonas de la actual Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra, buena parte de las dos Castillas y Aragón.
Tarraco se convierte en el auténtico bastión de los intereses de Roma en Hispania. Va a ser una provincia que gozará de una fortaleza y preponderancia que se encargará del control tanto administrativo como jurídico, de toda la zona que le corresponde. Existen dos provincias más, una es la Bética que abarca la zona sureste de la Península y la otra la Lusitana, que compondrá la franja Atlántica suroeste. Pero del centro peninsular hacia arriba, estará todo controlado por la provincia de Tarraco, en la que el mismo emperador Augusto pasa largas temporadas.
Ya en plena era después de Cristo, toda Hispania en principio con estas divisiones que acabo de citar, toda la Península Ibérica pasa a formar parte de la infraestructura romana adoptando sus costumbres, tradiciones, estructuras sociales, políticas y culturales, e incluso jurídicas. La lengua romana, el latín, pasa a ser la lengua oficial que conforman todas las tribus indígenas que pululaban por los distintos puntos de la Península. Cataluña tampoco se libra de todo esto, el latín pasa a ser la lengua hablada por todos.

Evidentemente es muy posible que hubiera bastantes lugares principalmente los apartados, donde no llegara nunca el latín, pero a nivel oficial fue la lengua hablada por todos. Esto me imagino que debe ser algo parecido a lo que pasó con los vascos, donde tal vez por lo abrupto de su territorio los romanos nunca llegaran a establecerse por completo, y por eso hoy mantienen su lengua autóctona, algo que posiblemente también ocurriera en algún punto escondido de nuestra geografía catalana. Pero esto es una opinión mía personal, que la cito porque también pudiera ser.

Además serán las tierras catalanas, posiblemente por la tremenda influencia de Tarraco, las que desarrollarán un importante flujo de las tradiciones romanas ampliando el número de ciudades que adoptarán de inmediato la estructura general del costumbrismo romano. Es decir que contarán con sus calles rectangulares y bien definidas, su anfiteatro, sus termas, su alcantarillado y su posibilidad de agua corriente. Muchas de ellas disponiendo también de su propio circo, para animar los espectáculos públicos que tanto se desarrollaban en aquellos tiempos.
Ciudades como la actual Blanes en la Costa Brava, o Mataró en el Maresme, o la misma Badalona, se erigirán como auténticas urbes del costumbrismo romano. Lo mismo ocurrirá con la actual Tarrasa o la misma Girona, que a pesar de no ser una ciudad plana, los romanos se encapricharon por ella creando un sinfín de puentecillos, escalerillas y accesos, para conseguir que se asemejara lo más posible a una ciudad romana. Lo mismo ocurría por el interior, donde Figueras o Vic también desempeñaron una tremenda influencia romana. O la misma Barcelona llamada entonces Barcino, que acodada junto al mar constituía una ciudad romana con todas sus características a lo largo del monte Táber, que es el que comprendía la actual zona gótica de Barcelona, y que contaba asimismo con todos los atributos de una ciudad romana. Se dice incluso que también tenía Barcino un circo, que por lo visto estaba en los terrenos en los que se encuentra actualmente la Iglesia de Santa María del Mar. Es posible que así fuera porque dentro de la original ciudad romana de Barcino, esto correspondía a las afueras y estaba relativamente cerca. Pero son datos que no he podido nunca probar, aunque aun así se lo explico Rosendo, porque es algo que si me llamó la atención e igual un día me preocupo un poco más por sonsacar información a este respecto.
Pero la que se llevaba la palma era Tarraco. Desde allí se controlaba, se financiaba, en fin, que allí se movía todo el cotarro del poderío romano. Con los años fue perdiendo fuerza territorial, en el sentido que los romanos,abrieron nuevas provincias. Pero su fuerza activa en cuanto a la absorción romana se refiere, no la perdió en ningún momento.
He citado antes al emperador Augusto porque es a partir de él, que tras doscientos años de luchas y conquistas se decide que los territorios de la Hispania sean considerados definitivamente departamentos romanos dentro de toda la infraestructura que ello conlleva. Es decir, se elimina el concepto de esclavitud, y la sociedad hispana pese a estar compuesta por infinidad de siervos, también tiene el privilegio de disponer de una población considerada dentro del rango de ciudadanos romanos, algo que permite un sinfín de prebendas y posibilidades de emancipación y desarrollo de todo tipo, por explicarlo de alguna manera. Lo podría también decir como haciendo apología de que los señoritos ya estaban aquí, pero ahora prefiero seguir explicándome a nivel general en mi forma de ver las cosas.
Hispania es una parte de Roma y funciona con arreglo a todo cuanto se pueda producir en la capital del imperio. El control central sigue estando en poder de los romanos, pero al ser considerada Hispania una parte más, puede participar de todo el esplendor en muchos casos, así como de las desdichas que también se producen, pero todo ello dentro de la misma escala que lo hace Roma.
Y así vamos a estar durante cinco siglos después de Cristo. Totalmente imbuidos por el talante romano, hablando su lengua y participando de todos sus acontecimientos, del que tampoco se escapará la aparición del cristianismo.
El cristianismo por lo visto llegó a Cataluña sobre los años sesenta después de Cristo, y al igual que en otros puntos de la Península, venía desde el norte de África. Fue una religión tolerada en un principio, manteniendo los jerarcas de la iglesia buenas relaciones con los representantes del norte de África y colaborando de esta manera, con la introducción del cristianismo en todas las regiones de la Península Ibérica. Hasta que a mediados del siglo tercero, los romanos empiezan a castigarla. Por tanto, también aquí hubo persecuciones de cristianos, martirios y ejecuciones públicas de las que no se libró el circo romano de Tarraco, donde también los cristianos eran lanzados a las fieras. A principios del siglo IV, las terribles persecuciones de Diocleciano hicieron eco en Hispania y Cataluña tuvo que padecerlas, marcando para su historia los martirios de Sant Feliu en Girona o de Santa Eulalia en Barcelona, por citar alguno. Posteriormente y tras el gobierno de Constantino que dio rienda suelta a la religión cristiana, el cristianismo ya se asentó definitivamente en nuestras tierras.
Tenemos pues una Cataluña totalmente romanizada, con el latín como lengua y con todas las costumbres y tradiciones que provienen de Roma. Al igual que toda la Hispania, Cataluña se desenvuelve dentro de los contextos de la sociedad romana como si de un tentáculo de la misma se tratara. Tarraco disfruta de un sinfín de privilegios, y de una hegemonía que le permite controlar y gestionar más de la mitad de todo el territorio peninsular.
Ya en el siglo IV, esta tremenda dependencia romana por llamarla así, va a empezar a ser tocada por una nueva fuerza social que poco a poco, va a ser la parte relevante de nuestra historia. Son lo que desde siempre hemos denominado como los pueblos bárbaros, que son los encargados de ir desmembrando ese poderoso imperio romano, y que evidentemente irán haciendo aparición en nuestra Península Ibérica. Y por supuesto Tarraco como potencia romana en Hispania, no se ve a librar de su presencia, pero todo esto se lo envío en el próximo cometido.

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